E23.1 Ambientes de aprendizaje para fortalecer la lectoescritura

Para iniciar, es necesario reconocer que la lectura es el aprendizaje más significativo, ya que con ella se asocian el resto de los aprendizajes, pues el resto de los contenidos curriculares no pueden aprenderse sin leer. Del mismo modo la lectura se asocia con el desarrollo de capacidades cognitivas superiores como la reflexión, el pensamiento crítico, ya que potencia el desarrollo del pensamiento (Maqueo, 2006).
La lectura al ser un proceso informativo permite el desarrollo de la estructura conceptual del pensamiento, implica no sólo comprender la codificación de los grafemas sino entender los códigos que subyacen en el texto, en la expresión no verbal o en las imágenes. Los niños desarrollan la comprensión de estos códigos a través de las experiencias y la socialización de forma previa al proceso lector. Los procesos involucrados en la lectura (y la escritura) incluyen la memoria, la atención, la concentración y la asociación.
Rosenblatt (1996, citado en Castillo-Ruiz, 2020) considera que la lectura debe verse como “un hecho único e individual que se percibe sólo en la mente y en las emociones de un lector en particular” (p. 1), por ello el docente debe considerar textos que muevan la emocionalidad de los estudiantes, motiven el gusto por la lectura y proporcionen experiencias significativas.
La comprensión y uso de la lengua escrita implica construir un sistema de escritura para entender la naturaleza alfabética de la misma, reconocer las diferencias con la lengua oral de la cual el niño tiene un conocimiento empírico al llegar a la escuela, por lo cual en el proceso de escolarización dará sentido a las letras, las palabras, las frases.
De acuerdo con Flower y Hayes (1981) son tres los procesos asociados a la escritura:
En la última etapa se lleva a cabo el proceso reflexivo, esta es una actividad metacognitiva que permite corroborar el alcance de las metas en la escritura y revisar la forma en que se está llevando a cabo como se osbserva en el siguiente esquema de producción escrita.
Esquema 1. Modelo de producción escrita de Hayes y Flower (1980)
Ambientes para el aprendizaje de la lectoescritura
De acuerdo con McCormick (1997, p. 7) “escribir requiere un resguardo especial, así como un momento, pues un ambiente estable y regular puede propiciar esa disciplina tan necesaria para la escritura”, es decir, se requiere una ambientación para desarrollar la escritura. Como se mencionó, la escritura debe ser un proceso cercano al estudiante, una actividad formativa vinculada a sus intereses y su contexto.
Para lograr un buen ambiente Rinaldi (citada en Ávila y Guerra, 2017) menciona que debe ser cambiante y dinámico, lleno de conceptos vivos y enriquecidos para que haya un disfrute por los libros y la lectura en escenarios acogedores y significativos, que varíen de acuerdo con las necesidades, gustos, edades y preferencias de los estudiantes.
El ambiente debe ser un instrumento y parte de la estrategia educativa para evitar que la lectura se vuelva monótona y aburrida en los espacios educativos. Los docentes deben ofrecer oportunidades y atractivos al estudiante de tal suerte que esté en posibilidades de desarrollar el hábito lector. Siguiendo la idea de Rinaldi, los entornos deben ser cambiantes de acuerdo con los intereses, necesidades, edades de los estudiantes.
El desarrollo de la lengua oral y escrita supone la interacción en el ambiente de aprendizaje, ampliamente influenciado por su entorno familiar y cultural.Para formar estudiantes lectores y generadores de texto, debe crearse un ambiente estimulante, enriquecido por los materiales didácticos y escenarios para crear la necesidad de anticipar el contenido del texto.
Los profesores pueden utilizar el espacio para diseñar ambientes que favorezcan la interacción y exploración de experiencias de lectura y escritura, por ejemplo a través de la decoración de las paredes y ventanas sin que ello se convierta en un distractor para los estudiantes. La organización del espacio influye en el movimiento y conductas de los estudiantes por lo que se puede definir espacios colocando muebles, así como disponiendo los materiales de aprendizaje.
Por lo que se refiere a los materiales que favorecen el desarrollo de ambientes motivadores de lectura, es necesario considerar tanto el espacio físico como los recursos didácticos. “Es posible realizar programas o actividades de promoción de lectura con toda clase de materiales: libros, revistas, periódicos, catálogos, entre otros muchos, o a partir de medios audiovisuales.”(Robledo, 2010, p. 141).
El mismo autor propone clasificar los textos para la lectura en textos de ficción y de no ficción. Entre los primeros se encuentran (a) los narrativos: fantásticos, realistas, orales, mitos, leyendas, cuentos tradicionales, fábulas, refranos, entre otros; (b) la poesía: de tradición oral, adivinanzas, trabalenguas, retahílas, coplas, etc. Y (c) teatro: mediante su lectura o representación. Por su parte los textos de no ficción son de carácter informativo y abarcan varias áreas del conocimiento, se pueden encontrar en revistas, periódicos, libros, etc.
De forma paralela se pueden incorporar otro tipo de materiales y herramientas, tales como imágenes, videos, sonidos, observación de una situación o un paisaje, etc.; todos estos harán más llamativo el ambiente para los estudiantes, ya que estimulan el interés dentro del entorno de aprendizaje, los materiales deben estar disponibles y a la vista de los estudiantes para desarrollar las actividades de aprendizaje, es mediante la planeación del proceso y el diseño del ambiente que estos cobran todo su sentido.
Se trata de desarrollar espacios que aproximen a los estudaintes al goce estético por la lectura y que a través de ella generen nuevos vínculos con las personas y con el mundo. En palabras de Rinaldi (2009) se trata de: “producir esta simbiosis entre arquitectura, pedagogías y las otras disciplinas para buscar espacios mejores, más adecuados, no espacios ideales:espacios capaces de contener el propio cambio porque no existe un espacio, una pedagogía, un niño, un hombre ideal, sino un niño, un hombre en relación con la historia, el tiempo, la cultura que les es propia”.
La lectura oral y los audio libros
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El docente puede apoyarse en recursos como los audiolibros, estos deben formar parte del ambiente de aprendizaje y utilizarse con un sentido didáctico. En este sentido, Vallonari (2011, p. 47 citado en Castillo-Ruiz, Poveda y Vera, 2016, p. 48) explica que “quien escucha un audiolibro es estimulado a investigar sus contenidos y a adquirir posteriormente el texto impreso, sin excluir, al contrario, que el lector pueda agradecer escuchar los textos ya leídos en este nuevo formato que se está difundiendo como nueva oralidad en los últimos 20 años”.
En la investigación realizada por Castillo-Ruíz con estudiantes de segundo grado de primaria y la utilización del audiolibro El zorro, se comprobó lo siguiente:
Con base en lo anterior y por el valor que los audiolibros agregan al proceso de aprendizaje, es recomendable integrar a los ambientes de aprendizaje el uso de los audiolibros para estimular la lectura, la imaginación y la generación de ambientes propicios para la escritura.
Referencias
Isoda, M. y Katagiri, S. (2016). Pensamiento matemático. Cómo desarrollarlo en la sala de clases. CIAE. Chile, pp. 23-63
Gómez P. M. (2014). Propuesta para el aprendizaje de la lengua escrita. Pp. 35-84.
Caminos de éxito. (21 de marzo, 2017). Estrategias de lectura- Como tener una mejor comprensión de lectura. [Youtube].
Editorial Santillana. (8 de septiembre, 2015). Ambientes propicios para leer y escribir en familia. [Youtube].
Fundación Moraleja. (10 de octubre, 2021). Reflexiones para propiciar un ambiente de lectura para niños y niñas. [Youtube].